





Comienza con círculos lentos de hombros hacia atrás, sincronizados con exhalaciones largas. Añade retracción escapular suave, como si quisieras juntar alas detrás. Luego, inclinaciones laterales del cuello con la mano opuesta descansando ligera en la sien, sin empujar. Respira profundo por la nariz, siente espacio entre orejas y hombros. Dos minutos bastan para despejar zumbidos de tensión, suavizar la expresión facial y preparar trapecios y escalenos para tareas finas como redactar, presentar o escuchar con atención plena.
Coloca manos en caderas, flexiona ligeramente rodillas y articula la columna desde el sacro hasta la nuca en una ola lenta. Alterna con una suave extensión abriendo el pecho sin colapsar la zona lumbar. Añade torsiones de pie, manos en cintura o apoyadas en el respaldo de la silla, mirando por encima del hombro. Coordina inhalación al alargar y exhalación al girar. Este patrón rehidrata discos, estimula circulación y devuelve elasticidad a una espalda que estuvo demasiado tiempo inmóvil.
Apoya manos en la pared a la altura de hombros y camina pies atrás hasta crear una L con tu cuerpo. Alarga columna, flexiona y estira rodillas alternando para despertar isquiotibiales y pantorrillas. Mantén nuca larga, mirada al suelo. Respira lentamente, notando cómo se libera la fascia posterior. Para intensificar, eleva un talón y presiona suavemente la pared para activar dorsales. Dos o tres minutos devuelven elasticidad, mejoran la postura sentada posterior y alivian el cansancio de piernas.